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Mostrando entradas de agosto, 2015

La ardilla vampiro que se alimenta de pequeños ciervos

En este blog ya se ha hablado de las hormigas vampiro, aves que arrancan la cabeza a los murciélagos y herbívoros que comen carne. Son comportamientos que chocan con nuestra idea de que los animales van revoloteando y cantando como si estuvieran en Blancanieves.

Como yo prefiero destacar aquello que se sale de lo común, hoy toca hablar de la ardilla tierra copetuda (Rheithrosciurus macrotis) de Borneo. Su nombre no inspira terror, pero cual conejo de los Monty Python, las leyendas dicen que ataca a los muntiacos, pequeños mamíferos rumiantes, desde las ramas bajas, saltando sobre ellos y cortándoles la yugular para luego alimentarse de sus órganos. Es por esto que también se le llama ardilla vampiro.

Esta leyenda es la que cuentan los cazadores Dayak cada vez que ven a un muntiaco destripado con la piel intacta. En los pueblos cercanos al bosque, las víctimas también son supuestas víctimas de estas ardillas que, según los testimonios, solo se come el hígado y el corazón.

Aunque posib…

Si no te decides entre una casa y un coche, ¿por qué no ambos?

Durante la última década hemos visto como el límite de altura de los rascacielos se rebasaba una vez tras otras mientras se anunciaban proyectos de edificios que romperían los récords recién establecidos una vez más. Alternativamente, se proyectaba la idea de los rascasuelos: edificios que en vez de arañar las alturas, se adentraban en la tierra dejando una abertura para que entrara la luz y el aire. Cuando en el mundo se pelean por tener el rascacielos más alto, la altura deja de ser una innovación. Hay que buscar la distinción en otra parte: desde rascacielos invisibles a otros que capturen el ruido.

Yo me quedo con el proyecto más surrealista. Uno que recuerda a aquellas predicciones de principios del siglo XX sobre el lejano año 2000. Se trata del los edificios migratorios, es decir, que pueden desplazarse de un lado a otro según las necesidades de sus usuarios. La manera de hacerlo es más propia de la ciencia-ficción: el edificio estará dentro de una gran neumático.

El bonsai centenario que sobrevivió a la bomba atómica de Hiroshima

Por lógica, asociamos un tamaño enorme a los árboles que albergan siglos de historia. Lo extraño es que en vez de tener que alzar la vista para admirar su grandiosidad, tengamos que mirar hacia abajo para observar a un árbol que, aunque no lo parezca, soporta cientos de años en sus ramas. Uno de ellos no solo sobrevivió al paso del tiempo sino que también lo hizo a la explosión de la bomba atómica en Hiroshima.