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El sexo en el mundo cristiano y árabe medieval

Fotografía facilitada por la Bibliothèque de l'Arsenal del Decameron (Decamerón) (el clérigo comparte una comida con una pareja y se acuesta con la esposa mientras que el marido reza en la terraza), Giovanni Boccacio, Paris, folio 108 verso, mediados del siglo XV
Popularmente, se considera la Edad Media como una época homogénea, donde siglo arriba o siglo abajo, o sin importar entre qué fronteras se encontraran, todo estaba lleno de los mismos ignorantes y desaliñados habitantes. La cultura popular nos ofrece una imagen estereotipada, donde apenas se perciben detalles ni matices para diferenciar una época o región de otra. Es por ello, que ahondando en su cultura, se puede encontrar temas fascinantes que escapan de los caballeros andantes y batallas contra los moros. Uno de esos temas es el gran tabú: el sexo.

Para empezar, los cristianos separaban el sexo en actos naturales o contra la naturaleza. Este grupo englobaba todas las acciones sexuales, de diversa gravedad, que no tenían como objetivo procrear: zoofilia, homosexualidad, masturbación, etc. El incesto, aunque un grave pecado, no entraba en esta categoría. El sexo tradicional después de la menopausia no se consideraba un pecado ya que se contemplaba la posibilidad que Dios obrase un milagro. Sin embargo, hay excepciones, ya que el adulterio, a pesar de poder procrear, se consideraba más grave que la masturbación. También se condenaba el sexo intercrural, es decir, entre los muslos, que se usaba como control de la natalidad.
Fotografía facilitada por la Bibliothèque de l'Arsenal de Ménage à trois (Un trío), Décaméron, siglo XIV, Paris, ms 5070,folio 170 verso (siglo XV)

En Item de fornicatione de Burcardo de Worms (965-1025) describe las penitencias según los pecados cometidos:
¿Has fornicado con un hombre contra las caderas, como hacen ciertos hombres, es decir, has situado tu miembro viril entre las caderas de otro, y por lo tanto producido semen? Si lo has hecho, haz 40 días de penitencia con pan y agua.
¿Has fornicado, como ciertos hombres están en el hábito de hacer, es decir, has tomado el pene de otro en tu mano, y el tuyo en la suya, y por tanto frotado el otro pene en tus manos, y a través de este placer proyectar semen? Si lo has hecho, 30 días de penitencia.
¿Has fornicado como lo hacen los sodomitas, es decir, has insertado tu pene en las nalgas, y por lo tanto tenido sexo (coires) a la manera de los sodomitas? Si tienes una esposa, e hiciste esto una o dos veces, 10 años de penitencia. Si lo has hecho habitualmente 12 años.
Las mujeres no se libraban de las penas, ya que el uso de un "instrumento o dispositivo mecánico en forma de miembro viril" ameritaba 1 año a pan y agua, siempre que actuaran en solitario, mientras que para los hombres, el uso de un instrumento para la masturbación era condenado con 40 días de penitencia. En ambos sexos se relaciona la masturbación y la homosexualidad al mencionar que la pena citada será en el caso de actuar sin participación ajena. Elredo de Rieval (1110-1167), en su tratado de guía para anacoretas, pasa de condenar a los homosexuales ("Es un crimen que detestar, por el cual un hombre se vuelve loco por un hombre, o una mujer por una mujer; debe juzgarse más dañino que todos los demás vicios") a la masturbación.

La masturbación, aunque no tan grave como otros pecados anti-natura, se considera sexo y un desperdicio de la semilla procreadora. El Ancrene Wisse (Guía para anacoretas, principios s. XIII) menciona la lascivia "con o sin otro" y "tocándole en su dulce lugar, o a mi". El auto-eroticismo no tiene una consideración separada, aunque Elredo sí lo considera: "A menudo la virginidad es corrompida en ausencia de carne de otro".
Colegiata de San Pedro de Cervatos, mostrando posturas sexuales y demonios. Wikimedia.
Elredo es de los pocos que menciona la masturbación femenina más allá de las penitencias. Por ello, sus traductores y adaptadores tardíos omitían menciones o pasajes completos. Su traductor a inglés medio dice: "[No peques] en otras maneras, que no deban nombrarse". Respecto a esto, el Ancrene Wisse menciona "por temor a que uno deba aprender de más mal del que ella ya conoce, y deba así ser tentado". Aunque parece que les produjera incomodidad la sexualidad femenina, Jane Tibbetts Schulenburg menciona en su libro Forgetful of Their Sex, que los hagiógrafos medievales antiguos tenían interés en la potenciales relaciones lésbicas en sus conventos. Las mujeres monásticas también se escribían consejos entre sí, aunque no se publicara por no considerarse de mérito literario o teológico.

Siguiendo con el sexo homosexual, en 1477 se ejecutó ahogada a Katherina Hetzeldorfer en el Rin a su paso por Espira, actual Alemania. Es la primera mujer ejecutada por homosexualidad de la que se tiene constancia. Llegó a Espira dos años antes como un hombre, con la que decía que era su hermana, que actuaba como su esposa.  Pagó también a dos mujeres para tener sexo con ella, que en el juicio declararon no percatarse de su sexo biológico. Una de ellas alegó que usaba un consolador con arnés hecho de cuero rojo.

De vez en cuando aparece en la hagiografía santos travestidos. Un topos de la vidas de santos de la antigüedad tardía es la mujer que se hace pasar por hombre para unirse a un monasterio, solo descubriéndose su verdadera identidad cuando muere. Es una variación del tema por el que las mujeres son hombres incompletos o "se vuelven hombres" cuando alcanzan la perfección espiritual. Sin embargo, podía interpretarse en sentido opuesto, como con Juana de Arco, donde sus vestimentas masculinas se vieron como una perversión de naturaleza femenina.

La asexualidad no era un concepto para los escritores medievales. La virginidad era el estado ideal para volver a la situación prelapsaria, es decir, antes del pecado original, por lo que cuando alguien no quería sexo ni pareja, era porque habían sido agraciados por Dios y habían transcendido su naturaleza pecadora.

Libro de horas. Francia, s. XV. Biblioteca de Ginebra.
Lo inesperado es que las relaciones de amistad entre dos personas célibes, dos hombres, dos mujeres o en relación con Cristo pueden mostrar un lenguaje tan íntimo que actualmente se consideraría homoerótico. No obstante, a finales de la Edad Media, los teólogos atacaron incluso las veces que las religiosas buscaban confesión por temor de que su confesor intimara demasiado. Por esto Margery Kempe (1373-1438) cambiaba frecuentemente de confesor.

Nuestro conocimiento del sexo en la Edad Media no solo proviene de fuentes religiosas, sino de textos médicos. En textos como De Secretis Mulierum, basados en la autoridad clásica, aseguran que los actos sexuales reproductivos indebidos son causas de defectos de nacimiento ("Alguna monstruosidad es causada por una forma irregular de coito. Porque si un hombre yace de manera inusual cuando está teniendo sexo con una mujer, él crea un monstruo en naturaleza"). Curioso es el caso por el que, desviándonos al tema de los nacimientos, Alberto Magno (1193/1206-1280) consideraba a los gemelos como una consecuencia de una mujer que ha disfrutado mucho en la cópula.

En el mundo islámico se estaba más abierto a la discusión de estos temas, destacándose que el roce mutuo entre dos mujeres produce placer, llamándose al acto "masaje azafrán". Es más, la palabra mencionada en fuentes árabes medievales (sahq, sahiqa) para "lesbiana" y "actividad lésbica" se relaciona etimológicamente con las palabras frotar o fricción.
Ilustración del Haft Awrang, del poeta persa Jami
Los escritores médicos, que reconocían que a algunas mujeres les atraían otras mujeres, lo atribuían a un "picor" causado por un desequilibrio de humores y temperatura. Juan Mesué (777-857), como se le conocía a Abú Zakeriya (Zacarías) Yahya ibn Masawaih, señala que la preferencia lésbica dura toda la vida una vez que ocurre. Abū Yūsuf Ya´qūb ibn Isḥāq al-Kindī (801-873) incluso menciona que los cuerpos femeninos producen lubricante líquido propio durante el sexo lésbico. Es el norteafricano Shihab al-Din Ahmad al-Tifashi (1184-1253) quien presenta el "masaje azafrán" en su Un paseo de corazones:

La tradición entre mujeres en el juego del amor necesita que el amante se sitúe arriba y el amado debajo...Así es como actúan: la que debe quedarse debajo yace en su espalda, extiende una pierna y dobla otra mientras se inclina ligeramente al lado, ofreciendo por lo tanto abierta ampliamente su apertura (vagina); mientras tanto, la otra alberga su pierna doblada en su ingle, pone los labios de su vagina entre los labios que le son ofrecidos, y comienza a frotar la vagina de su compañera de arriba y abajo, y abajo y arriba, movimiento que sacude el cuerpo completo.
Esta operación se apoda "el masaje azafrán" porque es así precisamente como uno muele el azafrán en la ropa cuando la tiñe.
Esta operación debe enfocarse cada vez en un labio en particular...ella no se deja de actuar de esta manera hasta que sus deseos y aquellos de sus compañera están satisfechos. Le aseguro que es absolutamente inútil intentar presionar juntos los dos labios al mismo tiempo, porque la zona de donde viene el placer entonces no se expondría. Finalmente, déjanos señalar que en este juego las dos compañeras pueden ser asistidas por un poco de aceite de sauce, perfumado con almizcle.
Este texto es contemporáneo al Ancrene Wisse ya mencionado, por lo que demuestra que sus ideas son tan distantes como las orillas del mar que los separa.

Fuentes: /r/AskHistorians/ /r/AskHistorians/ (2)/r/AskHistorians/ (3)

Comentarios

  1. POBRE GENTE LA DE ESA EPOCA..PARECE QUE NO TENIAN EN QUE PENSAR.
    NO HAY QUE INTRUSIAR TANTO...LO SANO NO DEJA SECUELAS..LO NO SANO MUCHAS..TODO ES CUESTION DE SENTIDO COMUN.

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